martes, 14 de mayo de 2013

Contra argumento y argumentos secundarios

Gustavo Bolívar, escritor y libretista de Tres Caínes, publicó en su blog  una entrada en la cual se refiere a la producción del canal RCN. En la publicación, se encuentra la siguiente frase: “Hasta donde yo sabía, la mala imagen se la dan a los países sus peores hijos. No escritores, guionistas ni periodistas”, acompañada de la afirmación de que Tres Caínes tiene implícita la obvia intención de ser presentada al público como Una suerte de espejo en el que aquellos que decidan verse, puedan conocer su historia reciente y no repetirla”. 


Me perdonarán mis colegas, aunque confío en que no todos se aventurarán a emitir al aire una serie con tan nefastos errores. Pero, con escritores, libretistas y periodistas como Bolívar y su equipo, y con la información que presento a continuación la mala imagen de los países no se construye sólo con lo que hacen sus malos hijos, sino con lo que producen quienes no lohan aprendido a hacer.


Un programa del Defensor del televidente del mismo Canal RCN reunió a varios expertos e intervenciones de televidentes de los cuales es importante rescatar lo siguiente:

En primer lugar, la audiencia está cansada del recurrente tema de la violencia y del narcotráfico en las producciones nacionales. Jerónimo Rivera, profesor de la Universidad de la Sabana, asegura que las narconovelas se hacen dentro del marco del conflicto mostrando historias de superación de personajes que empiezan desde abajo y van escalando fraudulentamente. Del mismo modo, Carlos Ayram, asesor pedagógico del Observatorio para La Paz, menciona que lo que hacen las producciones del Canal RCN es volver al tema de la violencia para profundizar en los héroes de la guerra. Su estrategia consiste en heroizar a quienes huyeron parte del conflicto armado pero que han aportado distintas formas de expresión de la violencia y con ello, tristemente, lo que logran es convertir la violencia en un círculo vicioso del que difícilmente se podrá salir.
Ayram anota que estos productos culturales, de alguna manera, provocan una inversión de valores, ya que con la figura de los personajes al margen de la ley se trata de contar una historia desde una perspectiva en un marco de ficción, y en ese mismo marco tratan de darle protagonismo y heroicidad. Por tanto, la gente se siente identificada de alguna manera con estos personajes que dejan de ser antagonistas de la historia de Colombia para convertirse en protagonistas de una historia violenta. Queda más que probado que este tipo de producciones con vacíos y errores en la investigación, documentación y presentación de los hechos históricos hacen creer a los jóvenes que toda actividad relacionada con la actividad ilegal es un punto de partida para que, luego, se les reconozca como héroes.


Según intervenciones de televidentes en la emisión del programa de la defensoría del televidente, previa al lanzamiento de los Tres Caínes, quedó abierto el interrogante acerca de si la documentación previa a la realización de la serie fue lo suficientemente extensa y abarcó todas las temáticas que en ella se presentan, tal como se cuestiona constantemente si, a través de la serie, se está transmitiendo el mensaje correcto.

Ante ello, Jerónimo Rivera sugiere que el problema no es la presentación que se haga de los hechos, si no la posibilidad real de que el público confunda las fronteras entre ficción y realidad. También, Juan Diego Restrepo en su columna de opinión de la Revista Semana, titulada “Las ofensas de Tres Caines” escribe que, seguramente, los creadores de la serie y sus guionistas argumentarán que se trata de hechos históricos, combinados con ficción, pero que, de igual manera, ignoraron dos factores determinantes para la contextualización de los jóvenes televidentes: el primero es que el conflicto armado en Colombia no ha terminado, y el segundo que la guerrilla sigue constituyendo un actor activo en el conflicto interno colombiano, lo que da como resultado la presencia de unos “enemigos” que deben ser exterminados. Y es por ello que plantea un interesante cuestionamiento acerca de si se habla desde el pasado en el que se supone que ocurre la serie, o desde el presente que nos atormenta constantemente con el conflicto armado que aún no termina.


Por lo anterior, es importante destacar la importancia y la responsabilidad de la documentación e investigación que se debe realizar antes de lanzarse a producir una serie como Tres Caínes, del mismo modo hay que idear la forma de hacer una diferenciación entre los elementos ficción y los de la realidad para evitar la confusión del televidente y por último, pero no menos importante, se ha de pensar en el impacto y el daño que una serie que será emitida al aire puede causar en quien la ve cuando se sabe que toca temas tan importantes y que suscitan tantas críticas y opiniones.

lunes, 29 de abril de 2013

Argumento principal


Cambio de tesis:
Producciones como Tres Caínes, por medio de la tergiversación de la historia del país, quieren hacer creer a los jóvenes que la ilegalidad es un camino que les convierte en héroes.

Argumento principal:
Desafortunadamente, en la producción de series o novelas televisivas, la cuestión no es el tema que tocan, sino el tratamiento que le dan al mismo. Tal como afirma Jerónimo Rivera, “La narcocultura, no es un tema nuevo, está de moda y ese es el problema en cuanto al tratamiento televisivo que se le ha dado.” Repetidamente, se ha evidenciado cómo el tratamiento estético de las temáticas televisivas genera innumerables fenómenos culturales. Por ejemplo, la legitimidad del narcotraficante y todo lo que éste representa en la cultura conlleva a que se le desprecie en todo lo que le involucra en la realidad, pero a que se le halague y se le aplauda en la ficción. Es así como se evidencia el nefasto manejo que RCN le da a elementos como los derechos humanos y las problemáticas socioeconómicas del contexto en el que surge el conflicto en Tres Caínes, presentando de manera ligera y superficial la problemática ya que muestra enfáticamente a los protagonistas como victimarios y hace de las víctimas actores invisibles, ignorando el contexto sociopolítico y el papel de algunos representantes de entidades estatales, mostrando que es la lucha de tres potenciales héroes que pretenden tomar la justicia en sus propias manos para así recuperar el orden y la paz que les fueron arrebatados. “Una serie como Los Tres Caínes, más que contribuir a que construyamos un nuevo relato sobre nuestra memoria histórica, tiende a distorsionarla y a hacer parecer a los victimarios como víctimas”, comenta al respecto Federico García, analista de medios.


domingo, 7 de abril de 2013

Primeros párrafos




Tres Caínes
 ha dividido la audiencia de este televisivo país entre quienes defienden las producciones, como Mario Fernando Prado quien asegura que "muy pocos se han detenido a reconocer las magníficas producciones que ya es capaz de hacer nuestro país, los buenos actores que allí aparecen o se perfilan y el punto alto que en materia de televisión está imponiendo Colombia", acompañado de los comentarios de aquellos que le respaldan afirmando que estas son piezas que reconstruyen la historia, hacen entretenidas sus noches, generan ratting y cuantiosas ganancias económicas, y entre los que dicen que la serie no ha hecho más que generar apatía y desencanto por las cuestionables producciones televisivas nacionales que erróneamente se asumen como referentes históricos como Jerónimo Rivera, quien afirma que, las narconovelas, “lo que hacen es generar fenómenos culturales: la legitimidad del narco y todo lo que éste representa en la cultura. Eso lleva a que se repudie al narcotraficante en las noticias pero que se le aplauda en la ficción.” Es así como Tres Caínes, por medio de la tergiversación de la historia del país, quiere hacer creer a los jóvenes que el paramilitarismo es un camino que les convierte en héroes.

Para contrastar la nefasta narconovela, hago una invitación a los televidentes colombianos, especialmente a los jóvenes, para que vean y analicen la cruenta situación del paramilitarismo presentada a través de Impunity, la producción de Juan José Lozano y Hollman Morris que aclama por la justicia desde la perspectiva de las víctimas del fenómeno paramilitar y brinda elementos para forjar un criterio respecto a la problemática que acosa al país.